La madera de raíz: de lujo clásico a material contemporáneo.
En un ascensor en Atenas me encontré con este acabado que en realidad ya había visto muchas veces. Seguramente tú también, si has estado en fincas regias del centro de muchas ciudades europeas, donde todavía aparece en portales, ascensores o mobiliario antiguo.
Nada especialmente extraordinario a primera vista: chapa de madera brillante, con dibujo irregular, algo hipnótico, salpicado de pequeños “ojos”.
Y sin embargo, esta vez fue distinto.
No era el material lo que había cambiado.
Era la forma de mirarlo.
La llamada madera o chapa de madera de raíz, conocida como burl, no es exactamente una raíz. Es una anomalía en el crecimiento del árbol, una deformación que genera patrones densos, complejos e imposibles de repetir.
Un material ligado al lujo.
Durante décadas, ese tipo de dibujo se asoció a una idea muy concreta de lujo. En los años 20 y 30, en pleno auge del Art Déco, diseñadores como Émile-Jacques Ruhlmann lo convirtieron en un lenguaje.
No era un material más, era superficie, composición y estatus.
Las chapas se seleccionaban cuidadosamente, se colocaban en simetría perfecta y se pulían hasta conseguir acabados casi reflectantes. La madera dejaba de ser estructura para convertirse en piel.
En muchos casos, el espacio se construía desde ahí.
Cabinet Art Déco, ca. 1920–30, Émile-Jacques Ruhlmann

Imágenes: 1stDibs · selección de mobiliario años 70
Desaparición y su vuelta en los 70.
Ese lenguaje fue desapareciendo con la llegada del movimiento moderno.
A partir de los años 40, el diseño se vuelve más estricto, más funcional, más contenido. Todo aquello que remite a lo decorativo o a lo superfluo queda fuera. El material debe ser honesto, no expresivo. Por lo que la madera de raíz, inevitablemente, deja de encajar.
En los años 70 el material reaparece, pero se incorpora a un lenguaje distinto. Lo vemos con frecuencia en aparadores y mesas de gran formato, a menudo combinado con cromo, vidrio o acabados lacados. Diseñadores como Milo Baughman lo integran en piezas de líneas limpias y composición contenida, mientras que en el trabajo de Paul Evans adquiere un carácter más expresivo y protagonista, aplicado como superficie visible dentro de composiciones más rotundas.
El material no cambia, pero sí lo hace su papel dentro del lenguaje formal del mobiliario.
¿Y por qué vuelve ahora?
Lo interesante es que lo que vemos hoy no responde exactamente a ninguno de esos momentos.
No es una vuelta al Art Déco.
Tampoco a los años 70.
Es una mezcla.
Durante años, el interiorismo ha estado dominado por espacios neutros, superficies lisas, materiales que tienden a desaparecer. En ese contexto, la mirada se acostumbra a la ausencia de estímulo.
Frente a eso, la madera de raíz introduce algo distinto. Complejidad, profundidad, dibujo. No es un acabado plano, exige tiempo, recorrido.
Además, en una cultura visual dominada por imágenes digitales, renders y superficies perfectamente repetibles, este tipo de material aporta justo lo contrario.
Irregularidad. Variación. Imposibilidad de estandarización. No hay dos piezas iguales.
Más allá de la tendencia.
Lo que antes se entendía como exceso, hoy se lee como carácter.
Y, de repente, algo que habíamos visto mil veces…
vuelve a ser interesante.

Este artículo se basa en referencias históricas del diseño del siglo XX y en el análisis del uso de la madera de raíz en el interiorismo contemporáneo.
Se han tomado como referencia la obra de Émile-Jacques Ruhlmann, así como documentación y archivo digital de The Metropolitan Museum of Art y otras colecciones públicas.
Para el estudio del uso del material en los años 60 y 70 se han consultado catálogos y piezas de mobiliario a través de plataformas especializadas como 1stDibs.
Las imágenes proceden de colecciones de acceso abierto, archivos públicos y selección de mobiliario vintage.
